¿Es la marihuana cada vez más potente?
Fotos: Laura Aranda

¿Es la marihuana cada vez más potente?

Este artículo se publicó originalmente en el número 268 de la revista Cáñamo España
Berta y Carla hablan durante el almuerzo. Este fin de semana, Carla ha subido al pueblo para ver a sus padres, y le han regalado tomates de su huerto. “¡Qué diferencia con los que compramos en la ciudad! Hoy en día todo es de mucha menos calidad, las cosas tienen menos sabor, son más pequeñas y se pudren más rápido”, le cuenta a su amiga. “Quizá por eso ya no te sienta tan bien la hierba”, le responde Berta bromeando. “Cuando éramos jóvenes era mejor: nos daba más risas y no nos pegaban tantos malos rollos”. “Ya, ahora dicen que es dieciocho veces más potente”, admite Carla.

Efectivamente, las características de las plantas que consumimos hoy en día son muy diferentes de cómo eran en el pasado. Pero a diferencia de lo que creen las dos amigas, estos cambios son los que las hacen apetecibles. Cuando el humano empieza a cultivar y a consumir una planta, inicia también un proceso de selección artificial para conseguir las características deseadas, para que la producción sea más eficiente. A veces estos cambios pueden llegar a ser drásticos; por ejemplo, el melocotón salvaje que podíamos encontrar hace cinco siglos era del tamaño de una cereza, y la sandía de hace solamente tres siglos estaba segmentada por partes blancas como las que separan las partes de la naranja.

La marihuana no es una excepción. Años y años de cultivo y consumo han aumentado el conocimiento sobre la planta, e igual que en los ejemplos anteriores, se ha producido una selección artificial.

El principal constitutivo de la marihuana es el tetrahidrocannabinol (THC), la sustancia con los efectos psicoactivos que normalmente se asocian al consumo de cannabis: ligera sedación, colocón corporal, vasodilatación, risas, despreocupación, cambios en la forma de pensar, ligeras alucinaciones, euforia, ansiedad, paranoia...

Además, también encontramos más de ochenta y cuatro cannabinoides, como el cannabidiol (CBD), el cannabinol (CBN), el tetrahidrocannabivarin (THCV) y el cannabigerol (CBG). Puede ser que el CBD nos suene especialmente, pues ha tenido un poco de atención mediática recientemente. Descrito habitualmente como no tóxico, el CBD ha obtenido atención debido a su utilidad terapéutica por sus efectos anticonvulsivos, alivio del dolor, supresión de la ansiedad y somnolencia.

Así pues, de la misma forma que las variedades de frutas y verduras que comemos han sido seleccionadas y cruzadas para obtener las características que nos gustan, también el cannabis actual es producto de una selección artificial a lo largo de los años.

Efectivamente, tal y como comentan Carla y Berta, la hierba actual es más fuerte que la de hace unos años. Tiene sentido si lo pensamos: si el consumo que se tiene de la marihuana es mayoritariamente recreativo, la respuesta lógica es cultivar plantas que tengan cada vez más THC, el responsable final del colocón. Lo que resulta una exageración es la creencia popular de que es dieciocho veces más fuerte. Aun así, se estima que la marihuana que se fumaba en 1995 tenía un cuatro por ciento de THC, mientras que la del 2014 ya presenta un doce por ciento. ¡Tres veces más!

Valdría la pena matizar que existe un margen de error en estos estudios, pues los cannabinoides se degradan con el tiempo. Dependiendo de cómo se hayan conservado, al volver a analizar una muestra antigua –que es como proceden los estudios que comparan la variación de la potencia a lo largo del tiempo–, los resultados pueden cambiar. Pero de todas formas el hecho de que la potencia haya aumentado es ya un consenso.

Pero ¿cómo ha aumentado tanto la potencia?

Por un lado tenemos el fenómeno de la legalización de la marihuana o de la existencia de leyes menos punitivas contra su cultivo en algunos países. Eso permite más libertad de experimentación, la posibilidad de que se invierta en la investigación de mejoras y también más competición entre productores. En este contexto, nos encontramos con cambios en las propias técnicas de cultivo, como hidropónica o el cultivo de interior, pero también con las innovaciones a nivel genético, donde se puede optimizar la producción de cannabinoides y la selección de características deseadas. Actualmente se pueden comprar semillas de centenares de variedades en bancos de semillas.

Finalmente, el conocimiento sobre las diferencias entre plantas macho y hembra también ha incidido en esta optimización. Se tiende a separar ambos tipos de planta para reducir la incidencia de polinización, pues cuando esta ocurre la planta produce menos cannabinoides, y a vender semillas feminizadas, ya que son las que producen la flor y, con ella, más concentración de cannabinoides.

Así pues, resulta claro que la potencia del cannabis ha aumentado. La sensación de nuestras dos protagonistas de que la planta “sube mal” se puede deber a factores como las rutinas de consumo, el recuerdo idealizado de otra etapa de su vida, la tolerancia perdida por no fumar tan a menudo o un cambio de preferencias en lo que se busca obtener. A veces se confunde la potencia (expresada en niveles de THC) con placer, y no podría ser más falso. Decir esto sería lo mismo que afirmar que un cubata proporciona más placer que una copa de vino, cuando resulta obvio que se trata de cosas muy distintas. El cannabis es una droga versátil, y lo que se busca con su consumo puede variar mucho según la persona y el momento.

Tampoco debemos suponer que todos los consumos de cannabis son recreativos o buscan un gran colocón, aunque sea el gran número de los casos. También se han empezado a vender variedades con cannabinoides como el CBD para los usuarios que buscan darle a la marihuana una utilidad más terapéutica o que no toleran bien una alta concentración de THC. No debemos olvidar que cuanto más alta es la dosis de THC, más altos son también sus riesgos. Pero de esto hay tema para llenar otro artículo.

En conclusión, esa clase de innovaciones permiten que el consumidor tenga más libertad de elección, pues actualmente contamos con muchas variedades de cannabis (sativas, índicas, de distintos sabores, con alta concentración de CBD...), lo que siempre es bueno, porque permite más poder de decisión sobre cómo queremos que sean nuestros consumos y experiencias. Que la potencia sea mayor ha sido noticia en varios diarios desde un tono alarmante, poniendo énfasis en que el cannabis “es aún más peligroso que antes”. Pero los estudios muestran que, ante la diferencia de potencias entre hierbas, los consumidores se autorregulan. Con una droga como la marihuana resulta fácil hacerlo porque al ser por vía fumada los efectos se notan rápidamente, y esto permite hacer unos calos y comprobar cómo sube. Como siempre, conocerse a una misma y empezar poco a poco es la única forma de asegurarnos el mejor viaje.

Referencias

https://www.businessinsider.com/what-foods-looked-like-before-genetic-modification-2016-1?r=AU&IR=T#modern-peach-12
https://www.nature.com/articles/d41586-019-02525-4
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26903403
https://psychonautwiki.org/wiki/Cannabidiol#Subjective_effects https://www.ingentaconnect.com/content/ben/cdar/2012/00000005/00000001/art00003
https://energycontrol.org/infodrogas/cannabis.html https://wiki.tripsit.me/wiki/Cannabis

 

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